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España, país muy mal educado

08 Oct

Bueno, ya es oficial.
Nuestros adultos y nuestros hijos están a la cola en lo que se refiere a cultura y educación.
Como a los políticos les mueve únicamente la avaricia, el dinero y el estar en el poder, se han cegado de su misión principal: trabajar para los españoles.
El bienestar de una sociedad no se mide por la cantidad de pensiones que podemos dar, por la cantidad de personas que pueden ser asistidas por la Seguridad Social o por la cantidad de parques que haya en un barrio.
El bienestar lo mide cada individuo según lo que puede tener y que le produce satisfacción personal.
Sin duda, una familia cuyos miembros están parados en su totalidad, no estará satisfecha por percibir una ayuda del Estado. Seguramente se encuentre angustiada por la incertidumbre.
Sin duda, todos aquellos que dejaron sus estudios y se lanzaron al dinero fácil de la construcción y que, en época de bonanza, hacían ostentación de tener mucho adquiriendo, y conduciendo, grandes y carísimos coches, no pueden encontrar bienestar ahora al carecer de estudios y trabajo.
Y el dinero fácil ha seducido a la sociedad como consecuencia de una mala base educacional y cultural.
No se puede esperar menos de un país que ha tenido a fontaneros, electricistas y gente sin carrera (ó con los estudios básicos) en el poder, promoviendo y aprobando reformas educacionales, una tras otra y tras otra.
¿A alguien se le ocurrió pensar en un Ministerio de Educación cuyo titular fuera un o una maestro?
Es un error, en mi opinión, fusionar cultura y educación porque se pierde la idea principal de ambos conceptos.
Cuando se destina más dinero a reformar museos, que también son necesarios, qué duda cabe, que a habilitar mejores colegios (es inconcebible que haya niños estudiando en barracones), el resultado es que los niños  o mayores no apreciarán la riqueza de los museos.
En fin, como conclusión, un chiste que refleja a España:
El presidente de un país tenía cierto presupuesto extraordinario para gastar y decide pedirle consejo a alguno de sus múltiples asesores al respecto.
El asesor en cuestión, le presenta tres colegios y una cárcel, que habían solicitado ayuda económica.
El presidente decide visitar in situ cada instalación para decidir mejor.
Al llegar al primer colegio, le pregunta al director para qué necesita la ayuda económica.
El director, emocionado, comenta que quieren hacer libros y material escolar gratis para los alumnos, y así ayudar a las familias con el enorme gasto que les suponía el llevar a sus hijos al cole.
El presidente toma nota y sigue su recorrido.
En el segundo colegio, la directora le indica que quieren construir un aulario nuevo y sacar a los niños de los barracones donde están. El presidente, de nuevo, toma nota y sigue con su recorrido.
El tercer colegio pedía construir mejores instalaciones deportivas y poner pizarras digitales en las aulas, además de instaurar un novedoso sistema educativo.
El presidente tomó nota y fue a la cárcel a ver qué pedían.
El alcaide pidió una piscina, pistas de pádel, Internet de fibra óptica para la biblioteca y spa para mejorar la estancia y rehabilitación de los presos.
El presidente se giró, entonces, al asesor y le dijo:
– Destina todo el presupuesto a las necesidades de la cárcel.
El asesor estaba asombrado y preguntó el porqué de tan injusta decisión. Y el presidente le respondió:
– Mira, es totalmente seguro que no voy a volver al colegio, pero a la cárcel… Nunca se sabe dónde acabaremos…

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Publicado por en octubre 8, 2013 en Uncategorized

 

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